Germandat de les Set Paraules i El Crist del Perdó

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Amar significa no tener que decir nunca lo siento

Todos recordaréis esa famosa frase de la película Love Story pero  ¿qué hay de verdad en esta frase?

 

Si nos miramos en cualquiera de los aspectos de nuestra vida vemos que esto no es así. Cuando nos amamos los unos a los otros, tal y como proclama uno de nuestros mandamientos, el amor debería ser tan grande que perdonara todo. ¿Esto lo vivimos de verdad?

 

Todos tenemos nuestros genios, somos humanos pero en algún momento de nuestra vida hay que decir con humildad lo siento y pedir perdón.

 

¿Cuántos de nosotros no conocemos algún problema familiar, malos entendidos, rencillas?. Con una sencilla disculpa a tiempo, estos problemas podrían ser resueltos o al menos no generarían males mayores.

 

El saber pedir perdón cuando uno necesita hacerlo es correcto y esto no significa que se admita el perdón como una mera frase hecha, sino al contrario demuestra su valentía y humildad al reconocer el error y admitirlo.

 

Dar este sencillo pero en ocasiones tan difícil paso, con un “lo siento” dicho con el corazón; es lo más grande que se puede realizar. La persona a la que le pides el perdón debiera como cristiano reconocer la dificultad que encierra este acto, pero también recordar las palabras de Jesús en la Cruz cuando le pide al Padre: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”

 

Tampoco debemos olvidar que el saber pedir perdón no va orientado tan sólo con nuestros semejantes, también es parte de nuestra relación con Dios, saber reconocer nuestros pecados y solicitar su perdón es un aspecto fundamental con Él, saber que como buen padre siempre está a nuestro lado perdonándonos.

 

¿Cuántas veces hacemos responsable a Dios de nuestros problemas?

 

Bien es cierto que el saber popular nos dice que Dios aprieta pero no ahoga, aunque esto no suele ser fácil consuelo por quién se siente muchas veces abandonado en multitud de problemas, luego en la soledad de nuestras oraciones le pedimos ayuda, le pedimos también perdón por todos los malos pensamientos que hemos tenido en contra de Él.

 

Qué difícil es perdonar a quiénes nos ofenden. ¿De verdad podremos perdonar a quiénes tanto dolor y sufrimiento nos procuran? Gracias a Dios, el cuerpo olvida el dolor, pero no es así con el alma ni la memora. En cambio es más fácil olvidar, perdonar y ser feliz que amargarnos la existencia.

 

¿Nos sabemos perdonar a nosotros mismos? esto es muy difícil en nuestro día a día ya que voluntaria o involuntariamente hacemos daño a nuestros seres más queridos, no nos damos cuenta del tiempo tan maravilloso que pasa y no estamos con ellos, en las veces que les hemos fallado, es muy difícil aunque pidamos mil veces perdón, siempre nos sentimos culpables, Pero ellos con nuestro amor nos saben perdonar, hay que tenerlo cerca de nosotros, ya que no es algo que se venda en la farmacia, hay que saber utilizarlo en cada momento de nuestra vida, el saber vivir como cristianos perdonar y ser perdonado, sin olvidar que en ocasiones no lo hacemos correctamente, en esos momentos recordamos que tenemos guardado en nuestro corazón el perdonar.

 

María Amparo Molins Gozalvo

 

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Temas al azar

Quedémonos con las vísperas, con ese temblor de espera, entre dos luces, esperando impaciente la aurora de la mañana.

Estos días que vivimos tienen ese sabor de andén en el que ya sentimos la llegada con su lejano pitido, ¿que hay más grande que una espera? cuando se sabe que desembocará en dicha plena.

Quedémonos aquí, cuando la saeta es todavía un pájaro volando, viento sin cuerpo, alas acostumbrándose  al aire, notas incompletas, un grito haciéndose.

Quedémonos aquí, cuando los romanos no saben todavía que galas ponerse para esa semana en la que serán la única tropa a la que aplaudan quienes somos sus morales enemigos.

Quedémonos aquí, cuando los sayones aun no saben abofetear,  flagelar y señalar a un joven nacido en Belén, que a pesar del tiempo los cristianos seguimos con nuestra fe.

Quedémonos aquí, cuando Torrent es Jerusalén, cuando salgamos Domingo de Ramos, con nuestras palmas, reviviendo la gran entrada de Jesús como Rey,

Quedémonos aquí cuando ninguno de los Apóstoles  saben que esa cena será la última con su Maestro, cuando nadie salvo  Jesús  sabe que esa tranquilidad del monte Getsemaní será interrumpida, cuando Judas lo venda por unas monedas.

Quedémonos aquí, cuando la ciudad se llena de velas, antorchas y de detalles para las procesiones que realizamos, para recordar la Pasión de Jesucristo, el sonar de tambores y  cornetas con sus notas nos hacen llevadero el paso lento de todas las noches. La lentitud del  andar, que parece no querer llegar al destino final, la Cruz.

Quedémonos aquí, para acompañar a  María, observando al hijo cargado con la cruz, llevando en su cabeza una corona de espinas, viéndole en su rostro dolor.

Quedémonos aquí, en Torrent, no por seguir tradiciones, si no por vivirlas, por participar en la Pasión de Nuestro Señor hecho hombre, el compartir y comprender el ¿por qué?

Quedémonos aquí, con la esperanza de saber perdonar y vivir junto a Jesús la plenitud y grandiosidad del Domingo de Resurrección cuando escuchemos: “ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA, CRISTO HA RESUCITADO” 

 

Víctor Hugo Múñoz  de la Espada y Tello

Mª Amparo Molins Gozalvo